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El “efecto pantalla” en la destrucción del paisaje costero

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Un reciente informe presentado en la Universidad de Alicante por parte  del Instituto Universitario “Ramón Margalef”, a través del Observatorio de Impacto Ambiental y Territorio (1), nos habla claramente de la excesiva congestión urbanística de la ribera alicantina (realidad que podría extenderse desgraciadamente a muchos otros puntos de las maltratadas costas españolas), tanto en la propia franja litoral como prelitoral, causando por ello, graves daños a nuestro patrimonio paisajístico costero. Como paradigma de ello, se recalca el apantallamiento o “efecto pantalla” que produce la excesiva edificación y construcción de infraestructuras en la línea de costa, con ejemplos significativos en lugares como Cabo de las Huertas y Playa de San Juan, o la propia Isla de Nueva Tabarca, un conjunto patrimonial de primer orden desde el punto de vista monumental y natural, que ha sufrido en los últimos años la construcción de nuevos inmuebles muy cerca del paseo de ronda de su histórica muralla costera.

Las consecuencias son variadas: impacto ambiental y paisajístico muy perjudicial, deterioro del patrimonio integral de nuestras costas, así como generación de problemáticas en cuanto a la movilidad no sostenible.

En el trabajo realizado por el Observatorio se apunta, desde nuestra humilde opinión de forma muy acertada, la necesidad de ampliación de la línea de protección litoral más allá de los cien metros actuales que marca la actual Ley de Costas, poniendo como ejemplo el ensanche de este espacio aprobado recientemente en la Comunidad de Galicia. De la misma forma, también se recalca la conveniencia de establecer bases de datos que puedan informar sobre la sostenibilidad del territorio, su paisaje y la riqueza patrimonial,  y con ello ayudar a la hora de realizar la ordenación del territorio por parte de las administraciones competentes.

En definitiva, muchas son las acciones que se deben llevar a cabo, probablemente en base a la aprobación de nueva legislación más sensible con la defensa del territorio costero, la protección paisajística y claramente adaptable en lo que se refiere a la reducción de los impactos ambientales, pero también aplicando de manera contundente las normativas territoriales que actualmente sí existen en nuestras leyes, y que desafortunadamente no siempre tienen su reflejo en la realidad.


(1) Diario INFORMACIÓN 24 de marzo de 2010.